2015: Juego de Tronos

Ya comienza, las campanas tañen ante la llegada de la procesión que camina, cada cuatrienio por delante de nuestras narices. Los protagonistas políticos, tal como participantes en una lucha libre, se enfrentan entre si usando armas como la mentira, la promesa utópica o la malversación de datos. Todo se resume en una gran red de venta de falsedades al mejor postor.

El 2015 es el año del parón de la verdad, un año perdido entre carteles infinitos, mentiras y promesas inalcanzables. Todo por el trono, la coronación del que haya jugado mejor la partida.6a00d8341c595453ef014e5fc5f842970c-800wi La veracidad pelea ahora detrás de las bambalinas de las estrategias electoralistas. El debate, un bien escaso deja de ser una apariencia y pasa a la inexistencia.
Y mientras en las noticias se pelean por hablar de los concursantes en esta ceremonia, el viento de la realidad sigue, ajeno al mundo virtual de la política, en las calles. Los desahucios continúan incesantes, las colas del paro aún se llenan y los comedores infantiles reparten todavía alimentos.
Pero eso no es todo, de hecho es solo la consecuencia del estancamiento político. Miles de dirigentes, muchos de ellos rodeados por una corrupción ya habitual, están en la sombra del panorama de las elecciones sentados en sus despachos con asientos aterciopelados. El modelo sin soluciones impera como algo ya habitual. La educación, base de todo, es un juego donde los “púgiles” hacen gala de su escasa intención por cumplir su deber, mejorar la vida de las personas que han confiado en ellos, aunando fuerzas y proyectos políticos- escasos hoy en día detrás de los carteles partidistas- para reinventar la educación.

Muchos grupos nuevos y con ganas de hacer las cosas bien, pero todos siguen por su lado, mirando las encuestas vacías, a ver quien gana… eso es lo importante. La coronación y no la solución. Proyectos todos a corto plazo, si los hay, y pocas ganas de unirse por una gente que no necesita tanto las soluciones rápidas y chapuceras de esto que llaman eficacia política sino un trabajo en equipo, en el que los ideales confluyan hacía una misma desembocadura, ayudar a la ciudadanía.

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